Historia

100_2627.JPGLa ciudad de Tarragona tiene una larga historia siempre ligada al Mediterráneo y los pueblos de este mar. Ya los antiguos iberos realizaban en la zona intercambios comerciales con las colonias griegas y fenicias establecidas allí. En el siglo III a.C. llega a Tarraco una figura fundamental para esta ciudad, Publio Cornelio Escipión. Las fuerzas romanas entraron a través de la ciudad griega de Ampurias (Emporion) para controlar a las tropas cartaginesas. Por ese motivo se mantuvo una importante guarnición en Tarraco que, con el tiempo, se convirtió en la ciudad capital de la provincia de la Hispania Tarraconensis pues los ciudadanos romanos vieron en estas tierras nuevas oportunidades de comercio y expansión. Esta extensa provincia abarcaba desde Cartagena a la ciudad portuguesa de Braga y todo el norte de la Península. En Tarraco se encontraba el centro administrativo, político, económico, religioso y social de toda la provincia. Su puerto se convirtió en uno de los más importantes del Mediterráneo, lo que se unía a unas excepcionales comunicaciones a través del a Via Augusta que bordeaba toda la costa mediterránea de la Península. La importancia que tomó la ciudad dio pie a construcciones como las murallas, que son hoy cimiento de la muralla medieval, y las obras civiles: el Circo, el Anfiteatro, el Teatro, el Foro, etc. Tarragona pasó etapas de prosperidad y de adversidades, y finalmente cedió bajo las presiones que desde el siglo III habían comenzado los francos del norte de Europa sobre Roma. La aparición del cristianismo fue también un elemento relevante en la debilitación de las estructuras del Imperio. En el siglo V la ciudad fue conquistada por los visigodos pero Tarragona mantuvo unos años de cierta inestabilidad y decadencia hasta la entrada de los musulmanes a principios del siglo VIII, con lo que perdió definitivamente la importancia que durante siglos la había mantenido entre las ciudades más importantes de Europa.

100_2628.JPGEsta etapa musulmana fue marcada por el declive de Tarragona. A pesar de los distintos intentos de recuperación de la ciudad desde el siglo IX la reconquista de Tarragona no se produce hasta el siglo XII, cuando Alfonso I de Aragón entra en la ciudad ayudado por las huestes de Robert d’Aguiló, también llamado Robert Bordet, quien en el año 1129 recibe el título de Príncipe de Tarragona y el encargo del arzobispo Oleguer de reorganizar, repoblar y proteger la ciudad. La Torre del Pretorio se convirtió en castillo del nuevo príncipe, que dependía del condado de Barcelona. Pocos años después el principado desapareció y la ciudad pasó de nuevo al gobierno del Conde de Barcelona. En cualquier caso, el crecimiento de la ciudad no se vio afectado por estos vaivenes políticos y administrativos; sobre los cimientos de la antigua Tarraco se construyeron una nueva ciudad, una Catedral que tomó como base el templo romano, una amplia zona destinada al comercio en los restos muy bien conservados del antiguo Circo, y una extensión agrícola que llegaba hasta el puerto. En el siglo XIV, a pesar de los estragos causados por la peste que asoló toda Europa, y también Tarragona, se aumentó la extensión de la ciudad ampliando el área de la Muralla hasta las paredes del Circo. La ciudad sufriría en el siglo XV una nueva desgracia al enfrentarse las tropas de Juan II de Aragón, que a finales de ese siglo logró vencer a las tropas catalanas, pero a costa de que la población pagara un coste muy elevado por la guerra.

El puerto siguió siendo un elemento fundamental de Tarragona, pero también un punto débil por la aparición de grandes grupos de piratas en el Mediterráneo. Los enfrentamientos pasados más las amenazas corsarias convirtieron Tarragona en plaza fuerte. En los siglos XVII y XVIII la ciudad sufrió dos nuevos golpes; por un lado la llamada Guerra de los Segadores, entre España y Francia por territorios pertenecientes a provincias catalanas que terminarían bajo soberanía francesa; por otro, la Guerra de Sucesión, a principios de siglo, entre los defensores de la subida de un Borbón al trono de España tras la muerte de Carlos II, y los partidarios de mantener un Habsburgo como rey, que terminó con la victoria de Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica en España. El desarrollo de este siglo, sin embargo, fue testigo de un aumento de la población de Tarragona y de sus actividades culturales y comerciales. El siglo XVIII comenzó con una nueva guerra, la de Independencia, por la invasión napoleónica de España que dejó graves secuelas como un enorme descenso de la población y graves problemas económicos, de abastecimiento por la destrucción del puerto, etc.

100_2595.JPGSin embargo la ciudad se recuperó de la guerra contra Napoleón con cierta premura. A mediados del siglo XIX el puerto estaba reconstruido, la ciudad dejó de tener la condición de plaza fuerte y pudo extenderse más allá de las murallas, el vino se convirtió en un producto de relevancia y el comercio directo con América permitió que el puerto recuperara su importancia internacional.

Ya en el siglo XX un nuevo conflicto, la Guerra Civil, provoca enormes destrozos en la ciudad que tiene que reconstruir sus infraestructuras fundamentales y las zonas urbanas. La reconstrucción de postguerra es lenta pero lleva a Tarragona hacia la instalación de una potente industria petroquímica, que sigue siendo en la actualidad el foco económico. Y, de nuevo, el puerto se convierte en un centro de comercio y transporte. Actualmente es el segundo más importante de España.

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