Día 1. Tarraco romana, medieval y modernista

El PretorioLa primera de las rutas permite recorrer la historia imperial de la ciudad, la de la capital de la Hispania Tarraconensis, la provincia más al sur del Imperio que servía de frontera contra los ataques cartagineses. Las distancias dentro de la ciudad no son largas y lo más recomendable es acercarse bien en transporte público, bien a pie o, si se prefiere el coche, aparcando en las fuera del centro de la ciudad. La ruta puede comenzar en las Murallas, en la torre de El Pretorio, desde donde se accede a los restos del gran Circo romano. Se pueden recorrer los pasillos subterráneos que permitían a los espectadores desplazarse por el edificio en busca de sus asientos para luego acceder a los restos de las gradas, no muy abundantes pero en bastante buen estado. Estas mismas gradas pueden ser vistas desde la altura que ofrece El Pretorio o Torre del Rey, antigua torre romana de las murallas reutilizada por Robert Bordet tras la reconquista de la ciudad a los musulmanes en el siglo XII y su nombramiento como príncipe de Tarragona. En verano existen visitas teatralizadas nocturnas dentro del recinto y en la terraza de la torre que ofrecen una visión muy realista de la vida de la ciudad en época imperial.

Fachada de la CatedralLos restos del Circo romano cimentan la ciudad actual de Tarragona y pueden seguirse por toda ella. Tras visitar El Pretorio los restos del circo llevan a la Plaza de la Font, donde se encuentra el Ayuntamiento y la sede de una sucursal de La Caixa que muestra tras su cristalera los restos del circo dentro de los que ha construido la oficina. Siguiendo los muros del Circo se llega a una calle de soportales, estos de la Edad Media, que aprovecharon en su construcción los túneles y salas del Circo y donde en la actualidad se pueden encontrar restaurantes y tiendas. Estos soportales desembocan en la base de la escalinata que sube a lo que en época romana era la tercera terraza de la ciudad y que albergaba el templo, y donde hoy se encuentra la Catedral. Este edificio se comenzó a construir en el siglo XII pero a lo largo de los siglos fue sufriendo ampliaciones, hasta bien entrado siglo XVII, aunque prima el estilo gótico. La Catedral se puede visitar, así como el fabuloso claustro. Dentro de la Catedral se encuentra el Museo Diocesano. Junto a la Catedral se encuentra en Museo Bíblico Tarraconense que posee una gran colección arqueológica, literaria y artística que contextualiza Tarragona en la cultura judeocristiana. Existe también la posibilidad de recorrer, una vez abandonado el centro histórico, las Murallas de la ciudad, cuyos restos son abundantes y muy bien conservados, dejando ver la parte medieval que se sustenta sobre la muralla romana. Muy cerca de la Catedral se encuentra el Museo de Arte Moderno de Tarragona, de entrada libre, donde además de la exposición permanente en la que destaca un tapiz de Joan Miró, siempre existe la posibilidad de ver exposiciones temporales. Fuera de las Murallas, muy cerca del puerto, se encuentran los restos del Anfiteatro romano a los que se puede visitar y donde se realizan representaciones teatralizadas de peleas de gladiadores. Es interesante destacar la existencia de una Necrópolis Paleocristiana que se encuentra apartada del centro romano y medieval, pasada la Rambla Nova, que merece la pena ser visitada; se trata de una extensa área funeraria que pudo comenzar a tener este uso a mediados del siglo III, junto a la que se encuentra el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona. A unos metros se encuentra la Basílica del Parc Central, de principios del siglo V, donde hay más de doscientos enterramientos.

Detalle de un edificioDentro de la propia Catedral se puede contemplar el primer elemento modernista de Tarragona, que a pesar de su clara inspiración gótica es de 1922, realizado para sustituir el original del siglo XV, desparecido en la guerra napoleónica. Rodeando el centro histórico de la ciudad Tarragona ofrece también una alternativa modernista centrada en elementos urbanos. La Barandilla del Balcón al Mediterráneo que ofrece unas privilegiadas vistas del paisaje marítimo de la ciudad, construida en 1889, y que se encuentra a pocos metros del Anfiteatro, puede ser el comienzo de una ruta por distintos edificios de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Subiendo por la Rambla Nova desde el Mirador podemos encontrar la Casa Salas, construida en 1907, y la Casa Bofarull. Unos metros más arriba nos encontramos con el Convento de las Teresianas, obra de Bernardí Martorell i Puig, discípulo de Gaudí. El Santuario de Nuestra Señora del sagrado Corazón, cerca de este recorrido, donde se encuentran dos obras de Gaudí (el altar y el manifestador), y un estilo en el que el arquitecto catalán tuvo gran influencia. Entrando por la Carrer de Canyelles encontramos tres edificios singulares, como son la Casas Rabadà, la Casa Porta Mercadé y el Mercado Central. En el patio del Ayuntamiento de Tarragona se encuentra el Mausoleo de Jaime I, obra de 1906, digna de verse por su simbología representando un barco sobre el féretro del monarca.

En cualquier caso, existe una opción muy interesante de abrir boca con el Trenet Turístico de Tarragona. Realiza una completa visita por toda la ciudad, el billete es para el día completo y el pasajero puede subir y barjar en cualquiera de las paradas del Trenet a lo largo de ese día.

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